SOBRE EL ABORTO




Embajadora Dra Eunate Goikoetxea Alicante-España

SOBRE EL ABORTO

Creo que la ley del aborto, no es un progreso (más bien es un fracaso al no poder ayudar a que una vida humana llegue a su término), ni tampoco se trata de un empecinamiento religioso, refractario a cualquier sensibilidad de la humanidad doliente (en concreto, la mujer). Me parece más constructivo plantear la cuestión del aborto desde una reflexión propia, teniendo en cuenta algunos de los conocimientos que hay en torno al ser vivo, alojado en el seno de la madre, con una vida independiente de la misma.

Lo primero que hay que valorar es la entidad del embrión; precisamente, las técnicas de fecundación in vitro permiten ahora conocer qué sucede minuto a minuto, tras la fecundación, de un embrión humano y cómo en las primeras 24 horas el cigoto se desarrolla como un cuerpo (no como un montón de células iguales), y se definen muchos aspectos esenciales del nuevo ser. Por tanto, ¿qué dice la ciencia del embrión humano? Afirma que es el mismo individuo humano el que existe en la vida embrionaria, en la juventud o en la ancianidad; el cuerpo cambia continuamente desde el inicio a la muerte, pero mantiene su identidad.

Es evidente que se trata de una vida humana y debe ser respetada y protegida: «Guardaré respeto absoluto a la vida humana desde su concepción» (dice el juramento de la World Medical Asociación, fundamentado en el Juramento Hipocrático, s. IV a. C.). También la Constitución Española en su artículo 15, dice que «todos tienen derecho a la vida». Y el propio Tribunal Constitucional en la sentencia 53/1985, de 11 de abril, tras recordar que el derecho a la vida «constituye el derecho fundamental esencial y troncal en cuanto es el supuesto ontológico sin el que los restantes derechos no tendrían existencia posible»; que «la vida humana es un devenir, un proceso que comienza con la gestación y que termina con la muerte»; termina afirmando que «si la Constitución protege la vida no puede desprotegerla en aquella etapa de su proceso que no solo es condición para la vida independiente del claustro materno, sino que es también un momento del desarrollo de la misma; por lo que ha de concluirse que la vida del nasciturus, en cuánto éste encarna un valor fundamental –la vida humana- garantizado en el artículo 15 de la Constitución, constituye un bien jurídico cuya protección encuentra en dicho precepto constitucional».

Deberíamos saber que la decisión de abortar siempre es un drama que se plantean madres en situaciones muchas veces difíciles, y tiene tanta trascendencia negativa que en la mayoría los trastornos psíquicos que ocasionan son muy dolorosos, y por mucho que queramos emplear un lenguaje como interrupción de embarazo, feto o embrión, se trata de matar a un ser humano. Nuestros políticos tendrían que adoptar medidas que ayuden a las mujeres embarazadas con dificultades, a encontrar una alternativa al aborto. Entre ellas, ayudas económicas, agilizar el proceso de entrega en adopción etc.

Es incoherente proclamar que todos tenemos la misma dignidad y tratar al no nacido como si no fuera un ser humano digno.